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2026-09-28

Déficit de botes para heces caninas eleva riesgo sanitario en CDMX: 8 toneladas diarias

Déficit de botes para heces caninas eleva riesgo sanitario en CDMX: 8 toneladas diarias

 

La Ciudad de México genera varias toneladas diarias de desechos caninos. Sin contenedores especiales, la responsabilidad ciudadana choca con la falta de planeación y recolección gubernamental.

 

Recoger las heces de un perro de compañía es el primer paso cívico de cualquier tutor responsable; sin embargo, especialistas en urbanismo sostienen que en la Ciudad de México (CDMX) esta acción no resuelve los problemas de sanidad urbana, pues existe un déficit de infraestructura para recoger las ocho toneladas de desechos caninos que se generan a diario.

 

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado 2025 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el 56 por ciento de las viviendas en la metrópoli tiene al menos una mascota.

 

Sin embargo, a pesar de que los animales de compañía ya son reconocidos como seres sintientes y forman parte integral de familias muy diversas —desde personas de la tercera edad, parejas sin hijos o personas que viven solas—, el equipamiento urbano no ha evolucionado a la misma velocidad.

 

Según datos de la Secretaría de Medio Ambiente (Sedema), alrededor del 30 por ciento del casi medio millón de perros que habitan en la CDMX defeca en espacios públicos de la capital, sin que esos desechos reciban el manejo adecuado.

 

Esta problemática se agrava cuando los capitalinos pasean a sus perros por parques y avenidas y realizan trayectos prolongados con la bolsa de desechos en la mano porque no existe un contenedor adecuado donde depositarla. Mientras la cultura de la tutela responsable avanza, la infraestructura urbana se ha quedado estancada, lo que provoca que miles de bolsas con excremento terminen amontonadas en postes, coladeras o mezcladas en la basura convencional.

 

Guillermo Bernal, urbanista y director de The Place Institute,organismo internacional enfocado en la mejora de espacios públicos, advierte que en este tema se ha delegado toda la responsabilidad en el ciudadano, eximiendo a las autoridades de su responsabilidad para gestionar el espacio público.

 

“Recoger los desechos de nuestros perros es una responsabilidad que empieza con cada dueño, pero la ciudad también tiene que hacer posible que eso se cumpla. Si queremos espacios públicos limpios, tenemos que pensar en todo lo que ocurre después de recoger una bolsa y asegurarnos de que exista un lugar adecuado para depositarla”, explicó Bernal a Reporte Índigo.

 

Descanso: Déficit de infraestructura

En la CDMX, los perros que a menudo habitan en departamentos pequeños o azoteas, dependen del espacio público para su esparcimiento; un espacio que, subrayó el director de The Place Institute, “hoy no les ofrece condiciones mínimas de higiene”.

 

Según el “Programa de Gestión Integral de Residuos para la CDMX 2021-2025” (PGIR), instancias como la Sedema, la Procuraduría Ambiental y de Ordenamiento Territorial (PAOT), la Agencia de Atención Animal (Agatan) y las 16 alcaldías tienen la encomienda de implementar sistemas de disposición y recolección en dispensadores, encaminadas
al manejo y aprovechamiento de las heces en andadores caninos.

 

Para el cierre de 2025, el objetivo de dicha tarea era contar con 60 andadores caninos con mil 200 dispensadores que permitan la disposición y recolección para el manejo y aprovechamiento de las heces provenientes de animales de compañía. No obstante, esta encomienda sigue en trámite, y aunque en áreas verdes de alcaldías como Miguel Hidalgo existen algunos contenedores para depositar las heces, están lejos del objetivo.

 

El caso del Bosque de Chapultepec ilustra a la perfección el rezago en infraestructura. A pesar de su enorme afluencia, un levantamiento técnico de The Place Institute evidenció que la Primera Sección —específicamente en la zona del Museo Tamayo— carecía por completo de contenedores destinados para desechos caninos.

 

La organización detectó que, en esta área, la presencia diaria de más de 200 perros, muchos de ellos bajo el resguardo de paseadores provenientes de colonias aledañas como Polanco. Pese al alto volumen, la organización documentó cómo las heces de los seres sintientes se quedaban en el pasto.

 

Para demostrar que el cambio es viable, The Place Institute instaló tres contenedores especiales en puntos estratégicos. La colocación respondió a un análisis profundo de los flujos peatonales.

 

“No se trata solo de poner contenedores, sino de colocarlos donde realmente los necesita la gente. Si el contenedor queda fuera de la ruta habitual, aunque exista, deja de ser una solución práctica”, indicó Bernal.

 

Dicho déficit de infraestructura no solo ensucia visualmente las calles, sino que traslada un grave riesgo sanitario a los trabajadores del sistema de recolección de basura de la CDMX, y las bolsas con heces terminan en el camión recolector sin ningún tipo de separación, y cuya exposición constante puede causar diversas afecciones, principalmente enfermedades gastrointestinales, respiratorias, oftálmicas y cutáneas.

 

En este sentido, el urbanista enfatizó que la profesionalización del sector de limpia “es apremiante”.

 

Esto implica dignificar su labor mediante el equipamiento obligatorio por ley: camiones de calidad, guantes, cubrebocas, esquemas de vacunación completos y salarios justos que incluyan a todos los eslabones de la cadena, y no solo a los choferes, como ocurre en algunas alcaldías.

 

Descanso: De letra muerta a planeación territorial

Si bien en mayo de 2026 el diputado local Royfid Torres González propuso reformar la Ley de Residuos Sólidos en el Congreso de la CDMX para visibilizar y darle solución a la problemática de las heces caninas en los espacios públicos, Bernal señaló que  lo importante es que estas propuestas no terminen como “letra muerta”.

 

Para evitarlo, Bernal y The Place Institute proponen establecer por ley la obligación de instalar un contenedor cada 50 metros en zonas de alto flujo y a no más de 250 metros en zonas vecinales.

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